La Legislatura de Jujuy fue escenario de un contundente posicionamiento político y social liderado por la diputada Noemí Isasmendi, tras lograr la sanción de la Declaración N° 37/26. El proyecto, presentado con el objetivo de romper el silencio frente a la violencia machista en la provincia, se convirtió en una cruda interpelación a las estructuras culturales y al actual contexto político del país.
"El negacionismo de género mata y nos mata cada 30 horas", sentenció Isasmendi al momento de fundamentar la iniciativa, enlazando la realidad de las mujeres jujeñas con la alarmante estadística nacional que no da tregua.
Nombrar la tragedia: historias, no números Lejos de los fríos datos estadísticos, el discurso de la legisladora estuvo profundamente marcado por el homenaje y la memoria activa. Con la voz en alto, Isasmendi leyó uno a uno los nombres de las mujeres jujeñas que hoy ya no están a causa de los femicidios: Pamela Chosco, Doris Pacheco, Mariela Zamora, Jacqueline Arjona, Camila Peñalba, Rocío Campo, Cecia Reinaga, Yara Rueda, Roxana Masala, Gabriela Cruz, Elba Palacios, Alejandra Álvarez, Sandra Mechulán, Evelyn Farfán Céspedes, Débora Martínez, Rocío Quispe, Daniela Mamaní, Angelina González, Paola Vargas y Tamara Fierro.
"No son solamente nombres; hay historias, hay sueños, hay familias, pero detrás de todo esto hay una gran injusticia", enfatizó, remarcando que el 3 de junio ya no es una simple fecha formal en la agenda, sino un hito de lucha colectiva que lleva 11 años de movilización ininterrumpida bajo la bandera del Ni Una Menos.
La violencia como un problema estructural
El corazón del reclamo de Isasmendi apuntó a deconstruir la idea de que los femicidas actúan de manera aislada. Rechazó de forma tajante la teoría de la "manzana podrida" o del "loquito suelto", definiendo a la violencia de género como un flagelo estructural y colectivo.
En ese sentido, la declaración funcionó como un llamado de atención urgente hacia el entorno cotidiano de la sociedad: "Minimizar una amenaza es una forma de tolerancia; justificar una agresión es una forma de colaboración; no actuar también es una forma de abandono", advirtió la diputada, instando a revisar y transformar las prácticas de colegas, compañeros de trabajo y los propios núcleos familiares.
Durísimas críticas al rumbo nacional
El debate en el recinto no esquivó la coyuntura nacional. Isasmendi dirigió severas críticas hacia la gestión central, a la que acusó de promover discursos que habilitan la escalada de violencia y de aplicar un recorte drástico sobre las herramientas de prevención y asistencia.
"El Gobierno Nacional ha decidido directamente desmantelar todas las políticas públicas de género y cruzarse de brazos. Estamos ante un desamparo programado que deja totalmente vulnerables a las minorías y a las mujeres, quienes vivimos con el miedo permanente", denunció con firmeza.
Finalmente, tras cosechar el acompañamiento de sus pares en el recinto, la iniciativa impulsada por Isasmendi quedó formalmente aprobada. El documento busca plantarse como un freno institucional al avance de corrientes negacionistas, exigiendo que el Estado —en todos sus niveles— no abdique de su responsabilidad fundamental de proteger vidas.
