Una reflexión sobre la visita de Mauricio Macri a Jujuy, la crisis de representación del peronismo y el radicalismo, el quiebre social en la juventud y la urgencia de recuperar la soberanía política desde las bases.
Por Patricia Gutiérrez (*)
Mirando los acontecimientos recientes en Jujuy y escuchando a Alberto Buela (**) explicarnos que el peronismo ya no existe, entendí por qué cada vez que recorro la provincia me embarga la sensación de caminar con las manos en los bolsillos y la cabeza gacha.
La evaporación de los partidos tradicionales
Al observar la visita de Mauricio Macri a Jujuy y el efusivo recibimiento brindado al hombre que endeudó a la Argentina —aquel que hizo desaparecer un préstamo histórico del Fondo Monetario Internacional, que saqueó las cajas de los jubilados con Caputo como ministro de Economía y que fue el artífice de los descalabros económicos que padecemos desde 2015—, comprendí que Buela tiene razón.
Sin embargo, considero necesario ampliar el diagnóstico: no solo ha desaparecido el peronismo, también ha desaparecido el radicalismo. Ya no queda en pie nada del proyecto que estos partidos centenarios representaron en la vida cotidiana de los argentinos y de los jujeños.
Vivimos una época en la que, como bien señalaba Enrique Santos Discépolo en Cambalache, da lo mismo ser honesto que traidor. Observaba el exhibicionismo de Macri bailando con un trabajador, forzándolo a integrar un show; pero lo que más me impactó fue ver a jóvenes sentados escuchando respetuosamente a alguien que todavía rinde cuentas pendientes ante la Justicia.
A nivel nacional, el contraste es brutal. Por un lado, presenciamos el debate virulento de los medios contra una jueza por dictaminar la no encarcelación de un adolescente de 14 años. Por otro lado, al cambiar de canal, vemos a Mauricio Macri arribar como un rockstar o una figura emblemática —quizás, emblemática de la corrupción, el cipayismo y el dolor popular—. Durante su gestión, fuimos testigos de cómo se condenó a cuatro generaciones de niños a la pobreza, transformándolos en futura mano de obra barata.
En otro pantallazo televisivo, aparece Cristina desde el balcón, privada de su libertad. Y al volcarme a las redes sociales, me encuentro con una batalla encarnizada cuyo único fin es la captura de la subjetividad colectiva.
Dirigencias acomodadas y agendas disociadas
Saturada y exhausta de esta sobreexposición mediática, regreso a la realidad jujeña y me encuentro con la misma dinámica en las reuniones políticas: el pueblo está ausente de la discusión. Nadie explica proyectos ni soluciones; la conversación política se reduce a la repartija de cargos electivos.
Compruebo nuevamente que la política no está a la altura de las circunstancias. Peor aún: advierto a una clase dirigente sumamente cómoda, destruyendo el único canal institucional que le permitía a la ciudadanía incidir en las decisiones de su propia vida. La única agenda en debate es la conveniencia de los candidatos.
¿Cuánto tiempo más tardaremos en comprender que la prioridad urgente debe ser la de los pibes que no tienen para comer? Lo primero que debemos reparar es la ruptura del tejido social, donde vemos a jóvenes militando su propia destrucción sin advertirlo. ¿Cuándo asumirán su responsabilidad quienes condujeron a nuestra provincia y al país a este estado de situación?
Recuerdo las palabras de un pensador obrero: “El gran problema de nuestra Argentina es la justicia”. Allí comienzan a encajar las piezas; entiendo por qué el orden democrático se encuentra subvertido.
Cuando todo da igual; cuando quien dilapida un crédito del FMI, saquea a los jubilados y deprime los salarios reales resulta impune; cuando se condona o habilita un préstamo de 2.000 millones a empresarios que celebran continuar con la estafa —recursos que deberían destinarse a alimentar a nuestra población o a recortar privilegios donde realmente corresponde—, comprendemos que hemos fracasado, como señala Buela, en la construcción de una democracia justa y soberana.
Reconstruir la patria desde las bases
Quizás la cultura del Cambalache se haya instalado definitivamente. O quizás la reconstrucción de este descalabro deba iniciarse indefectiblemente desde abajo, encendiendo el fuego popular desde las bases, ante la ausencia de referentes que sientan la vergüenza necesaria para votar en favor de quienes los eligieron.
Esta transformación ocurrirá cuando la sociedad abandone el aletargamiento provocado por la falta de horizontes, y cuando los dirigentes emergentes dejen de comportarse como caballos atados a una silla de plástico, prisioneros de una atadura meramente psicológica. Ocurrirá cuando converjamos en la necesidad imperiosa de edificar un Jujuy con valores, justicia, equidad y un profundo amor por nuestra tierra; un Jujuy libre de la corrupción de los poderosos que buscan expoliar a una provincia maravillosa, pero hoy doliente, herida y postergada.
Esta convocatoria trasciende al peronismo: apela a cualquier fuerza política o actor social que aspire a ejercer el poder con verdadera vocación transformadora para dar respuesta a esta profunda crisis social.
(*) Ex concejal y expresidente del Concjeo Deliberante de Libertador Gral. San Martin. Presidente del Partido Nuevo Encuentro Jujuy
(**) Alberto Buela es un filósofo y escritor argentino dedicado a la investigación del pensamiento nacional iberoamericano, la teoría del disenso y la metapolítica.
